8: FESTIVAL DEL TORNEO DEL DIOS DE LA GUERRA:  SEGUNDO DÍA, SEMIFINALES.

 

 

Primera estaba entre bastidores en la sala de espera, con la cara llena de tensión, discutiendo con Bash.

 

 

Él llevaba su armadura recién reforjada y sostenía la espada que ella le había entregado, mientras miraba a Primera. Ella ni siquiera podía empezar a interpretar el sentimiento detrás de la mirada que le dirigía.

 

 

«…Lo siento. Al final no pude hacerte un armamento decente».

 

 

Primera no tenía confianza. Menos aún de la que tenía ayer, tras el primer combate.  Cuando lo pensó, estos últimos días sólo habían servido para destacar su propia incompetencia.

 

 

Anoche, había trabajado en la forja de una espada decente sin siquiera dormir. Pero no pudo crear nada que igualara a la fiel espada de Bash. Comparadas con esa, las espadas que podía hacer eran todas patéticas.  Todas se doblarían de un golpe si Bash las blandiera.

 

 

«No estoy de acuerdo. Esta parece más fácil de blandir que la de ayer». Bash blandió la espada ligeramente mientras hablaba.

 

 

«¿En serio?»

 

 

 

«En efecto».

 

Primera se permitió hacer un pulgar arriba de alegría. Pero entonces ella sacudió su cabeza rápidamente, ocultando sus manos detrás de su espalda. La espada podría haber sido más fácil de manejar, pero seguía siendo tan contundente e inútil como el resto.

 

 

«…»

 

 

Bash se distrajo por la forma en que el pecho de Primera sobresalía cuando ella escondió los puños detrás de la espalda, ella notó hacia dónde se dirigía la mirada de Bash. No estaba segura de qué era tan interesante como para hacer que el orco mirara de esa manera, pero, en cualquier caso, no le importaba demasiado.

 

 

…Aun así…

 

 

Primera volvió a mirar a Bash.

 

 

Cuando se conocieron, no sabía qué pensar de ese orco llamado Bash. Ella lo había rechazado cuando él le pidió tener sus hijos de la nada. Pensó que estaba loco. Pero ahora, su impresión de él había cambiado un poco.

 

 

Puede que sea un orco, pero en realidad es alguien bastante decente.

 

 

Era honesto, fuerte y masculino. Había usado las espadas de Primera, soportó sus insulto sin una palabra de queja. En cambio, se había centrado en su papel. Entonces, finalmente, había logrado que Primera se diera cuenta de lo novata que realmente era.

 

 

Él era un orco, así que su forma de ver las cosas era diferente.

 

 

Por ejemplo, los orcos tendían a agarrar a las mujeres sin más. Pero a pesar de que Bash era un orco, y ahora mismo estaba mirando a su escote, no había puesto una mano sobre ella. Aunque su interés por Primera parecía tan fuerte como siempre, había jurado no romper el decreto del Rey Orco.

 

 

Era leal, paciente y fuerte. Y tal hombre había expresado interés en ella. Al darse cuenta de esto, Primera sintió que sus mejillas comenzaron a arder. Entonces se encontró hablando sin pensar.

 

 

«Ah, qué diablos… ¡Si ganas, hasta podría considerarlo!».

 

 

«¿Considerar qué?»

 

 

«¡Idiota! No me hagas decirlo. Ya sabes lo que quiero decir».

 

 

«…»

 

Bash estaba entrando en pánico. No entendía lo que decía. ¿A qué se refería? No tenía ni idea. ¿En qué estaría pensando ahora? Le gustaría poder preguntarle a alguien, pero su hada de confianza no estaba allí.

 

 

Las intuiciones de Bash, sin embargo, lo llevaron a desarrollar una especie de corazonada. No estaba seguro de si era una corazonada mala o buena. La última vez que tuvo un presentimiento así, fue durante la decisiva batalla de la meseta Remium.

 

 

Había sido una mala corazonada.

 

 

Bash no había confiado lo suficiente en esa corazonada, y aunque luchó valientemente en el campo de batalla, en el momento en que había seguido las órdenes del Rey Orco y se apresuró a llegar, ya había sido demasiado tarde. El Señor de los Demonios, Geddigs, fue asesinado.

 

 

Entonces, ¿Qué tipo de corazodada era esta vez?

 

 

«Sr. Bash. Es casi la hora del combate semifinal.» Llamaron a la puerta.

 

 

«¡Ack! ¿Escuchaste eso? Muy bien, ¡vamos allá!»

 

 

«…Bien.»

 

 

 

 

Bash no sabía qué tipo de corazonada tenía. No sabía qué hacer. Aún sin saberlo, se apresuró a enfrentarse a su primer combate.

 

 

 

 

Ronda de cuartos de final: Bash vs. Amonde

 

 

«¡Ganador, Bash!»

 

 

Bash ganó el siguiente combate de un solo golpe.

 

 

Su oponente no había sido débil. Era un soldado enano y había servido como capitán del tercer batallón. Uno de los cinco mejores soldados que se pueden encontrar en toda la Fosa de Dobang.

 

 

Había luchado con valentía.

 

 

Se había enfrentado a Bash sin miramientos y había encajado el golpe como un hombre. Debe haber parecido tonto para el público. Algunos se habrán preguntado si este temerario guerrero había estado siquiera viendo lo que Bash había hecho el día anterior.

 

 

Pero era un enano. Confiaba en su armamento. Tomar una acción evasiva era considerado débil, poco propio de un enano. A pesar de que el enano fue derrotado, recibió una ronda de aplausos.

Y Bash pasó a la siguiente ronda.

 

 

Bash volvió a la sala de espera, donde Primera temblaba de nervios. La siguiente era la ronda semifinal.

 

 

El oponente de Bash sería el ganador del año pasado, Barabaradobanga. Era el hijo mayor del Héroe Enano, Doradoradobanga.

 

 

«…»

 

 

Barabaradobanga.

 

 

De todos los miembros del clan Dobanga, era el más fuerte y el mejor herrero. Después de la muerte de Doradoradobanga, su hijo mayor se convirtió en la figura principal de todo el clan. Todos lo admiraban y tenían esperanzas en él.

 

 

Cuando era joven, había comenzado a participar en el torneo, llevando su armamento forjado por él mismo. Hasta la fecha, había ganado tres veces. La victoria del año pasado había sido realmente impresionante. Él era el firme favorito para ganar este año también. La gente decía que fácilmente se llevaría la victoria dos años consecutivos.

 

Hasta ayer, Primera había creído que, si ella realmente se esforzaba, su armamento sería  muy superior al de Barabaradobanga.

 

 

Pero ya no.

 

 

Ahora comprendía lo gran herrero que era su testarudo hermano, lo talentoso que era. Sin duda estaba muy lejos de la grandeza de su padre, pero a los ojos de Primera, ahora lo veía era como alguien formidable.

 

 

¿Realmente podía competir contra una persona así? Ella sólo había ganado hasta ahora gracias a la fuerza de Bash.

 

 

«No te preocupes. No perderé».

 

 

Las palabras de Bash. Sentía que podía confiar en ellas.

 

 

¿Quién en la tierra podría dejar de creer en lo que decía Bash? Sin duda esas palabras de él habían calmado muchos soldados temerosos en el campo de batalla.

 

 

Pero Primera no estaba segura. Ella no estaba segura de que tenían derecho a ganar.

 

 

«De acuerdo.»

 

 

Muy bien. Si Bash ganaba, ella simplemente no lo contaría como su propia victoria. Primera había tomado una decisión al respecto.

 

 

 

 

La semifinal.

 

 

Barabaradobanga estaba de pie en el centro de la arena, a la espera de su oponente.

 

 

Había ganado el año pasado.

 

 

Incluso antes de que comenzara el torneo, estaba preparado para ganar, no importaba el oponente. Incluso si el luchador al que venció el año pasado podía tener lo necesario para derrotarlo fácilmente esta vez.

 

 

Barabara estaba preparado para esa eventualidad y había pasado un año entero perfeccionando su herrería hasta que el armamento que llevaba era perfecto.

 

 

Su oponente iba a ser el Héroe Orco Bash.

 

Barabara conocía ese nombre. Porque, después de todo, Barabaradobanga había luchado durante las guerras como guerrero enano.

 

 

Él atribuyó su supervivencia al hecho de que no se había encontrado con… ellos.

 

 

Los guerreros más fuertes que jamás habían pisado un campo de batalla. Hombres como Bash. Hombres como su padre, Doradoradobanga. Había tenido suerte de no enfrentarse a luchadores tan preeminentes.

 

 

Y por eso había sobrevivido.

 

 

Después de la guerra, habían recibido suficiente tierra en sus propios países y, aún ahora, trabajaban por la prosperidad de sus tierras natales. El príncipe humano, Nazar. La archimaga elfa, Thunder Sonia . Seguramente, incluso el héroe Piel de bestia, Reto, que había luchado con su padre y había sido llamado demonio de guerra, estaría viviendo una vida cómoda ahora, si hubiera sobrevivido.

 

 

Héroes como ellos… no participarían en un torneo como este.

 

 

Tal vez podrían observar desde los asientos especiales reservados para la aristocracia. Pero no tomarían partido en la arena así. Sus oportunidades de llevarse la victoria se habían perdido para siempre.

 

 

Sí… la victoria.

 

 

Barabaradobanga era el señor de esta arena. Pero en este momento, era una vez más un mero retador. Quería ser agradecido con los dioses. Por darle esta oportunidad de luchar.

 

 

Y sin embargo, debo pensar más profundamente en lo que podría haber traído a ese sujeto hasta aquí…

 

 

Estaba claro por qué el Héroe Orco Bash había venido a este país, por qué había venido a la Fosa de Dobanga. Esclavitud. Este país tenía esclavos orcos. Muchos, de hecho.

 

 

Eran orcos renegados, que habían sido atrapados causando problemas cerca de  la Fosa de Dobanga. Eso era lo que se decía. Pero no era cierto. La mayoría habían sido prisioneros de guerra.

 

 

Después de la guerra, cuando las razas declararon la paz, todos los prisioneros de guerra de los distintos países fueron liberados. Era una de las condiciones de la paz. También se liberó a todas las mujeres encarceladas en el país orco. Y los hombres cautivos de las súcubos, también fueron liberados.

 

 

Las hadas capturadas por los humanos, los ogros prisioneros de los pieles de bestia… Todos igualmente. Y sin embargo, el cautiverio de los orcos en la Fosa de  Dobanga continuó sin cesar.

 

 

¿Por qué no fueron liberados con el resto de los prisioneros cuando la guerra terminó…?

 

 

Llevaría mucho tiempo contar la historia completa.

 

 

Los mercaderes de la Fosa de Dobanga. Tras la muerte de Doradoradobanga, se afianzaron en la Fosa. Tras el cese de la guerra, ocultaron la existencia de los esclavos. Los enanos son testarudos y se enorgullecen de su herrería.

 

 

Y no todos son virtuosos. A muchos de ellos les encanta engordar sus bolsillos con monedas.

 

 

El uso de esclavos de bajo costo fue una gran ayuda para que el coliseo obtuviera grandes ganancias. Los comerciantes odiaban pensar en liberar a sus máquinas de dinero. Así que ocultaron la existencia de los orcos que esclavizaban.

 

 

El primer año, las peleas tuvieron lugar en un ring subterráneo secreto. Pero a partir del segundo año, los mercaderes decidieron sacar a los esclavos a la luz y decirle a todo el mundo que eran orcos rebeldes capturadoss mientras estaban causando problemas. Ahora los combates podían tener lugar al aire libre.

 

 

La gran mayoría de los enanos se tragaron esta treta. El propio Barabaradobanga se había enterado de la verdad hace muy poco. Llevaba el orgullo de Doradoradobanga. Naturalmente, su primer pensamiento había sido liberar a los esclavos orcos.

 

 

 

 

Entonces conoció a Donzoi, el líder de los orcos esclavizados.

 

 

Donzoi era un hombre orgulloso. Desde su captura, se había comprometido a romper el actual sistema actual por sí mismo. Y finalmente, había encontrado la manera de hacerlo. Ganaría el Torneo del Festival del Dios de la Guerra y usaría su deseo para liberar a los esclavos. Un método infalible.

 

 

Cuando Barabaradobanga se enteró de esto, esto es lo que pensó: Debería enfrentarme a él, como su oponente. Así, ambos podrían conservar su orgullo. En secreto, Barabara comenzó a fabricar su propio equipo fino y se lo pasó a los esclavos orcos. Por encima de eso, no hizo nada más.

 

 

Durante el torneo del año pasado, Barabara había sido el ganador, y Donzoi había sido el subcampeón. Fue una victoria vacía para Barabara. Pero Donzoi no se había rendido. Este año, Barabara también había enviado armamento a Donzoi, junto con un artesano que podía fabricar armas y equipo adaptadas al propio estilo de Barabara.

 

 

Aquellos que se enteraron de lo que Barabara estaba haciendo no podían darle sentido. Barabara sabía que si perdía a propósito, o se daba por vencido, sólo conseguiría herir el orgullo del orco. Debía luchar en serio. Si lo hacía y aún así perdía, entonces el orco, que había sido esclavizado y maltratado durante más de tres años, podría recuperar su orgullo, y todos sus esfuerzos hasta ahora finalmente darían sus frutos.

 

 

Pero este año, Bash había llegado. El hombre al que llamaban el  Orco Heroico. Para salvar a sus hermanos esclavizados. Había venido solo, salvo por una pequeña hada. 

 

 

Para él aparecer ahora … Tal vez estaba esperando a que la situación se estabilizara, o tal vez se enteró de la victoria de Donzoi… el año pasado…

 

 

De cualquier manera, Barabara sabía que esto era importante. Los orcos no podían viajar entre países tan a la ligera. Habría tenido que atravesar el Bosque Shiwanashi para llegar a  la Fosa Dobanga. Ese bosque estaba gobernado por la archimaga elfa, Thunder Sonia.La Pesadilla del Bosque Shiwanashi… Incluso los enanos conocían la historia.

 

 

Tras una larga batalla, la invicta Thunder Sonia había sido deshonrada.

 

 

Los elfos eran una raza vengativa. Incluso si sólo estaba de paso, no había forma de que Bash hubiera podido ir a lo suyo sin ser descubierto. Sin duda, había sido detenido. De hecho, últimamente había rumores de disturbios en el bosque. Y un orco solitario había sido detenido por desacato.

 

 

Pero eso no era todo. Si el Héroe Orco estaba viajando fuera de su país, no había forma de que el General Houston de Krassel simplemente se quedara callado al respecto. Houston el Matador de Cerdos era bien conocido. Se decía que el hombre aborrecía a los orcos. Si Bash estaba en movimiento  internacionalmente, entonces sin duda Houston habría tomado medidas.

 

Pero Bash estaba aquí. En este lugar, ahora mismo. Sin duda había superado grandes dificultades para llegar hasta aquí. Los orcos no eran una raza inteligente, pero habían superado la guerra. Seguramente era el resultado de su determinación.

 

 

En este día, los enanos involucrados tuvieron que haber sido recordados de la existencia de la raza orca. 

 

 

Y sin embargo…

 

 

A Barabaradobanga le zumbaron los oídos por los vítores de la multitud. Abrió los ojos para ver al orco salir de la sala de espera y caminar hacia él.

 

 

Bash. El Orco Heroico.

 

 

Más que cualquier otro participante en este torneo… No, podrías buscar en el mundo y todavía luchar para encontrar a alguien que haya superado a este hombre en batalla.

 

 

Su armamento era regular, pero tenía poder. Sin duda, durante este torneo, planeaba ganar, y luego liberar a los esclavos orcos. Sin embargo, Barabaradobanga no estaría contento con ese resultado.

 

 

Si este orco entra en acción, hará que todo haya sido en vano. Y ¿qué será del orgullo de Donzoi entonces?

Donzoi. Los últimos tres años. No, incluso más tiempo… Durante mucho tiempo, Donzoi había estado trabajando para liberar a los esclavos. No quería que toda esa lucha hubiera sido en vano.

 

 

«Señor Bash.»

 

 

«¿Qué pasa?»

 

 

«Te partiré en dos, señor.»

 

 

«Muy bien.»

 

 

Intercambiaron los saludos básicos de batalla. Pero Barabara lo decía en serio. Derrotaría a este hombre. Derrotaría a este infalible oponente. Entonces los grandes esfuerzos de Donzoi no tendrían que desperdiciarse.

 

 

Barabara apuntó su espada a Bash, decidido. Era testarudo y grosero, y aunque era hábil con sus manos, era torpe con sus palabras. Y ahora desafiaba al Orco Heroico.

 

 

 

 

 

 

Ronda Semifinal: Bash vs. Barabaradobanga

 

 

Barabaradobanga conocía el punto débil de Bash.

 

 

Por supuesto, hasta hace poco, Bash no tenía ningún punto débil. En general, se dice que los orcos son bastante vulnerables a la  magia de fuego y trueno, pero Bash podía manejar ambas sin mucho problema. Después de todo, se había enfrentado a la famosa Thunder Sonia y salió victorioso.

 

 

Incluso si Bash tuviera susceptibilidad a la magia de fuego y  trueno, no sería dañado por nadie que tuviera un poder considerable en esas áreas. En cualquier caso, el uso de la magia estaba prohibido durante este torneo.

 

 

El punto débil de Bash…era su armamento.

 

 

La mayoría de los participantes en esta competición, sin duda, ya lo habían notado. Y la persona que había forjado el armamento de Bash era sin dudas alguien sin experiencia. En otras palabras, la victoria contra Bash podría lograrse si te centras en apuntar a los broches de su armadura.

 

 

Pero sólo había una mínima posibilidad de que Bash bajara la guardia lo suficiente como para permitir que alguien haga eso. Aun así, Barabara confiaba en poder lograrlo.

 

Después de todo, Bash no estaba luchando con todas sus fuerzas. Si Bash realmente hiciera eso, su armadura se fracturaría en su cuerpo, sin duda enviando pedazos de ella volando por todas partes. 

 

 

Evidentemente, no tenía intención de despreciar a su artesana… Primera.

 

 

Barabaradobanga no confiaba en poder asestar un golpe a la armadura de este sujeto si el orco iba con todas sus fuerzas. El único capaz de forjar una armadura lo suficientemente fuerte para este orco era el legendario artesano, el mismísimo Doradoradobanga. O tal vez el demonio artesano Sarumon.

 

 

Pero con lo que tenía ahora, Bash tenía que contenerse. Evitar cualquier movimiento vigoroso. Mantener la calma. De hecho, era impresionante que hasta ahora hubiera conseguido enviar a todos sus oponentes a la derrota en un golpe decisivo, a pesar de apenas moverse.

 

 

Seguramente eso era lo que todos pensaban, pero la verdad era un poco diferente.

 

 

Bash necesitaba acabar con sus oponentes de un solo golpe. Cuanto más se moviera, más probable era que su armadura se rompiera.  Necesitaba acabar con sus combates lo antes posible. Barabara lo sabía. Y así, decidió su plan de batalla, por vergonzoso que fuera.

 

 

«¿Y esto qué es? ¡¿Barabaradobanga se está retirando?! Está corriendo en círculos, con el gran orco persiguiéndolo?»

 

 

 

La voz del locutor estaba llena de incredulidad, y la audiencia estaba atónita.

 

 

Él sabía lo que debía parecer. Había llegado al coliseo lleno de  bravuconería y  trazó su camino a las semifinales … sólo para correr alrededor de la arena como un cobarde.

 

 

Qué deshonra. Qué vergüenza.

 

 

Nunca en su vida Barabaradobanga se habría imaginado haciendo tal cosa. Siempre estaba preparado para enfrentarse a su oponente, sin importar quien fuera. Pero esta vez no podía hacerlo. Esta vez, no podía ganar así. No podía proteger el orgullo de Donzoi así.

 

 

«Huff!»

 

 

Mientras corría en círculo, golpeó las articulaciones de Bash. Su rodilla, su hombro, su codo. No podía esperar conseguir un golpe lo suficientemente fuerte como para romper las piezas sólidas de la armadura. Pero tenían que estar conectadas por algo. Tenía que haber debilidades en las articulaciones.

 

 

A eso apuntaba. Hizo una finta hacia un lado.

 

 

«Hmmph!»

 

 

 

Bash giró y contraatacó.

 

 

Un trozo de metal lleno de intenciones asesinas pasó silbando por la cabeza de Barabara.  Si hubiera estado un pelo más cerca… Sintió que un sudor frío le recorría la espalda.

 

 

El arma de Bash no parecía nada especial. Incluso si era alcanzado por un golpe, Barabara probablemente sobreviviría. Pero un golpe directo en el casco aún podría hacerle caer inconsciente. Así de poderoso era el ataque de Bash.

 

 

Cada vez que Bash arremetía, los cierres de metal alrededor de su tobillo sufrían una gran tensión. No le costaría mucho desprenderlo por completo. Si podía desgastar las conexiones de las placas de la espinilla, podría ir a por la zona de los hombros. Si lograba desprender la coraza, el resto de la armadura de Bash también se desprendería.

 

 

Tomarse su tiempo, golpear con astucia y limpieza. Llevar a su oponente hacia su propia ruina. Golpearía en serio sólo una vez para liberar la coraza. Sin dudas, Nno era una forma muy enana de luchar.

 

 

Además, este plan podía acabar en fracaso si cometía el más mínimo error. Si no lograba esquivar los ataques de Bash. O si Bash descubría lo que estaba haciendo. Enfrentarse al Héroe Orco no era tarea fácil después de todo. Pero Barabaradobanga se mantuvo confiado hasta el final.

 

 

 

Uno más de esos pasos pesados, y esas espinilleras se caerán.

 

 

Su confianza nacía de la fe en su propia percepción. La gran diferencia entre la habilidad artesanal de Primera y su propia fuerza. Él creía que podía ver a través de esta batalla  basado en esa diferencia.

 

 

«¡Hmph!»

 

 

«¡Guh!»

 

 

La espada chocó contra su casco con un ruido metálico.

 

 

Bash había blandido su espada para bloquear la esquiva de Barabara. Ah, pero por supuesto. Su oponente era un guerrero superior. Barabaradobanga no tenía lo que había que tener para esquivar los ataques de tal hombre por mucho tiempo.

 

 

Había intentado mantenerse en el lado seguro, esquivar de forma precavida, pero no podía huir eternamente.

 

 

Pero ésa era la última, pensó para sí Barabaradobanga.

 

 

La espinilla de Bash, incapaz de soportar la carga, estaba a punto de astillarse. No podía dar otra estocada así. Sin embargo, Bash necesitaba golpear. Si un combate terminaba en tablas, sin que ninguno de los oponentes pudiera continuar, la victoria sería decidida en base a la condición de su armadura.

 

 

La armadura de Barabaradobanga aún estaba casi perfecta. Bash, con su espinillera astillada, sería considerado el perdedor. Tenía que golpear. Pero no podía pisar fuerte. Ahora Barabaradobanga contraatacó, apuntando al hombro de Bash.

 

 

«¡Hmph!»

 

 

«¡Gah!»

 

 

Pero era demasiado tarde.  Bash arremetió con más fuerza que nunca. Como si estuviera pensando: Qué raro. Hoy puedo embestir más fuerte que de costumbre.

 

 

Su espada de hierro voló hacia la cabeza de Barabaradobanga a una velocidad demencial. Barabaradobanga la vio caer en picada, como a cámara lenta. Sabía que no podía esquivarla. Pero se armó de valor, queriendo al menos permanecer consciente. El golpe le rompió el casco.

 

 

«…»

 

Barabaradobanga estaba inconsciente incluso antes de que pudiera golpear el suelo. Pero en su último momento de consciencia, lo vio. Vio que la astillada espinillera de Bash aún aguantaba.

 

 

Has progresado, Primera…

 

 

Barabaradobanga había calculado mal. No se había dado cuenta de que su fanfarrona hermana pequeña había mejorado sus habilidade de alguna manera para este torneo.

 

 

Casi digno de un Héroe Orco…

 

Su hermana no había cambiado su forma de ser, no había escuchado una palabra de lo que Calmera dijo. Pero ella había apoyado a este orco. Y había tenido razón sobre él. Barabaradobanga cayó al suelo y se quedó quieto.

 

 

«¡Ganador, Bash! ¡Y pasa a la ronda final!»

 

 

No hubo aplausos.

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